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El arte de la guerra (Todo deporte Diario de Valladolid

El arte de la guerra (Todo deporte Diario de Valladolid

ALFONSODURÁN. Desde que era un niño, cualquier arte marcial del que tenía conocimiento era objeto de estudio por este luchador que se coronó subcampeón del mundo de muay thai y de España de boxeo

Hay ocasiones en las que el destino parece ser el encargado de poner nombres a los niños, como si pudieran ver en una bola de cristal el futuro que les espera y hacer un juego de palabras anticipándose a todo movimiento. Este caso parece tener un ejemplo claro en uno de los nombres propios de las artes marciales en Valladolid: Alfonso Durán. La etimología de su nombre, de origen germánico, define a un guerrero siempre dispuesto a la batalla.

El camino de las artes marciales no se cruzó por casualidad. Alfonso Durán le fue a buscar con el mapa en la mano y media ciudad por cruzar desde el barrio Belén hasta el Cristo Rey para comenzar en el mundo del karate con 14 años. No había buses y el miedo a que le robasen la bici le obligaban a eso. ¿La motivación? «la supervivencia», como reconoce el dueño de la Academia Combat: «Empecé por necesidad. En el barrio estábamos a palos y en el colegio había bastantes tiranteces, así que era por supervivencia», recuerda. De sus primeros pasos en el tatami recuerda «estar una semana en casa sin poder respirar porque quería competir».

Poco a poco el cuerpo le fue pidiendo más deportes de combate a este guerrero del siglo XXI. Descubrió el kung fu cuando pocos lo habían hecho en Valladolid. Y con 17 años (y el disgusto de sus padres, que tuvieron que elegir entre ver a su hijo en el ejército o en un ring) acudió a su primer campeonato de España, el cual se adjudicó, como hizo con el segundo.

Muay Thai, kickboxing, full-contact... todo arte marcial del que tenía conocimiento lo fagocitaba, haciendo suyo el arte de la guerra. Cada peseta que caía en su cesta de ahorros lo invertía en viajar por toda España haciendo de los gimnasios las aulas de la universidad del combate: «Todo lo que ahorraba era para entrenar. He entrenado con toda la gente de la que podía sacar algo», aunque eso supusiera más de un sacrificio: «Cuando iba a los cursos dormía en pensiones de mala muerte o en el coche. Mi afición era la de querer aprender todo lo que podía», confiesa. Eso le llevó a entrenar incluso con los Gracie (fundadores de la ahora mundialmente famosa UFC).

La curiosidad le llevó a practicar judo y a formarse en brasilian JJ, Vale-Tudo (MMA), defensa personal policial y kali filipino. Todo enfocado a prepararse y preparar a sus alumnos para una posible situación real. Durán aparcó el misticismo y el romanticismo de las artes marciales para centrarse en el sentido eminentemente práctico, un dogma que sigue desde que en 1996 decidiera emprender la aventura de maestro en el Gimnasio Pajarillos, en la calle Tórtola.

Compaginar el trabajo con los entrenamientos y la competición era casi el cuerpo de una quimera para el luchador: «Trabajaba en el taller, daba clases, entrenaba yo... competir era impensable, sólo de manera ocasional». En una de esas ocasiones le llegó la posibilidad de representar a España en los mundiales de muay thai, donde el vallisoletano no defraudó a pesar de viajar con una seria lesión de tobillo que le acompañó durante los seis combates que le separaron de la final. Sólo un polaco y mucha polémica le impidieron encumbrase a la cima del mundo. Finalmente, un subcampeoanto mundial y una medalla de plata IFMA fueron el histórico botín que Durán guarda en su recuerdo con el mismo cariño que guarda el Campeonato de España de Boxeo Olímpico (con el gran Nani Rodríguez en su esquina), el cual ganó, literalmente, con una mano, ya que la otra tenía una fractura. «Más que las medallas, para mí significaron el demostrarme a mí mismo hasta dónde podía llegar», reconoce.

Con las puertas del profesionalismo cerradas a su pesar, Alfonso Durán decidió bajarse del ring con 39 años para centrarse de lleno en su faceta de entrenador en la Academia Combat, que el año pasado sopló las 20 velas de aniversario. Aunque «los nervios antes de un combate y la expectación de saber qué pasará» sí que pisa el terreno de la ‘morriña’, lo cierto es que este ‘académico’ de las artes marciales se mantiene en forma gracias al trabajo que desarrolla con sus alumnos: «Me hubiera gustado ser un competidor. Tenía técnica y disciplina, pero ahora tengo gente que lo está haciendo por mí. No lo echo de menos porque entreno con los chavales de tú a tú», admite.

Sobre el ring o en una esquina, la pasión se mantiene encendida y el fuego a pleno rendimiento, como reconoce Durán: «Son dos amores distintos. Cuando compites eres tú y es tu reto particular de saber hasta dónde puedes llegar. Entrenado, das todo lo que tienes para los demás y yo me lo curro hasta la saciedad. Siempre me reciclo», confiesa. Tal vez ese sea el secreto de la eterna juventud que esconde bajo su inseparable pañuelo el maestro del combate.

Fuente: Todo Deporte Diario de Valladolid

Autor: GUILLERMO SANZ / VALLADOLID / 24/01/2018

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